26 de octubre de 2026
Ese es el punto

Perdí el pelo por el cáncer y creí que conseguir una peluca sería fácil, pero me equivoqué

Lo primero que voy a decir es que esta es una experiencia personal y no pretendo denunciar a nadie. A propósito del mes de la prevención del cáncer de mama o «mes rosa», quiero compartir esta historia que viví cuando padecí esa enfermedad, porque pensaba que conseguir una peluca sería muy fácil para una paciente de cáncer que la necesitaba.

En octubre de 2020, en plena pandemia, fui diagnosticada con cáncer de mama y el tratamiento incluía cirugía, radioterapia y seis meses de quimioterapia que provocaron la caída de mi pelo. Como sabía que todo el cabello se iba a caer, empecé a pensar qué iba a hacer para salir a la calle, pues no quería que me vieran calva. El turbante no me gustaba y lo descarté. Entonces pensé: voy a comprar una peluca de pelo natural que se vea bonita para que no se den cuenta de que estoy enferma.

Antes de mi primera quimioterapia y cuando todavía no se me había caído el pelo, hablé con las enfermeras del hospital en donde me atendían y les pregunté por lugares para conseguir una peluca de las que hacían con el cabello que tanta gente dona para ayudar a las personas que pierden su pelo. Lo primero que me dijeron fue que no sabían nada de ese tema. La verdad, me pareció raro porque siempre vi o escuché noticias de las campañas para que la gente donara su pelo para hacer pelucas y así poder ayudar a muchas personas con esa bonita iniciativa.

Después, las enfermeras me dieron folletos y tarjetas de lugares en donde podía buscar pelucas de pelo natural o, en caso extremo, pelucas sintéticas. Llamé a algunos sitios y me dijeron que claro que ellos me ayudaban, pero que debía ir hasta su local para medirme las pelucas y que allá me darían el precio.

Visité un sitio muy conocido en el norte de Bogotá, ubicado cerca a la calle 116. Como todavía tenía mi pelo largo, me dijeron que me lo podían cortar y hacer una peluca con mi pelo. La idea me pareció genial, pero no me habían dicho el precio. Ahí vino la sorpresa. La peluca hecha con mi pelo costaría más de dos millones de pesos de esa época, hace seis años. Me sorprendió el costo y pregunté: «Bueno, ¿y no me sale más barato si la peluca ya está hecha?». Me dijeron: «Claro, depende del estilo de la peluca, pero el costo oscila entre $1.500.000 y más de $2.500.000». Incluso las de pelo muy corto costaban más de un millón de pesos.

Según investigué después, para hacer una sola peluca de pelo natural se necesitan entre 6 y 10 donaciones, y cada peluca se anuda hebra por hebra a mano.

Como soy curiosa, les pregunté: «¿Y ustedes no hacen pelucas con el pelo que la gente dona o no tienen alguna opción para las personas que pierden el pelo y no pueden comprar una peluca tan cara?». Dijeron que esas eran las únicas opciones que tenían, pero que, si el problema era de presupuesto, podía ir a Chapinero y comprar una peluca sintética.

Salí triste y pensé en buscar otras opciones. Luego llamé a algunos de los lugares que las enfermeras sugirieron y los precios eran muy similares. Busqué por internet «donación de pelucas para pacientes con cáncer» y no encontré muchas opciones. Encontré un banco de pelucas al que llamé varias veces y al que envié mensajes de texto y por WhatsApp, pero no contestaron y, aunque dejé mensajes de voz, nunca me llamaron.

Como ya no tenía pelo, decidí ir hasta Chapinero a buscar una peluca sintética. Visité varios lugares, probé varias pelucas y aprendí algo que no habría sabido si no hubiera perdido mi pelo: que una buena peluca debe tener la línea del cuero cabelludo para que no se vea tan falsa.

Al final, me decidí por una peluca de pelo rojo y liso que se veía muy linda. La compré porque para mí era imposible comprar una peluca de pelo natural de más de un millón de pesos. La peluca me duró un mes y medio y se dañó. Con uso diario, una peluca sintética dura entre 3 y 5 meses; la mía, la más económica, duró mes y medio. Posteriormente, tuve que conseguir otra peluca más fea hasta que terminé las quimioterapias y el pelo empezó a crecer.

Después me cansé de usar pelucas y empecé a salir a la calle con mi cabeza rapada, sin importar las miradas y las preguntas imprudentes de la gente.

Toda esta experiencia me dejó muchas inquietudes que quiero compartir. ¿Sirven realmente las campañas de donación de pelo? ¿Puede la gente enferma acceder con facilidad a pelucas hechas con pelo donado? ¿Si no tienes más de un millón de pesos para comprar una peluca bonita, no tienes otra alternativa que adquirir una de $60.000 pesos que no te va a durar nada? ¿Hay un negocio en el tema de las pelucas?

Lo mínimo que debería pasar es que, junto con la orden de quimioterapia, a cada paciente le entreguen una ruta clara: dónde ir, cuánto cuesta, qué preguntar y qué opciones gratuitas o subsidiadas existen.

Ustedes saquen sus conclusiones; ese es el punto de contarles esta historia, que fue una experiencia personal que quizá no les ha pasado a otras personas. He dicho.

Recuadro de servicio

Si estás en tratamiento, pregunta en tu hospital si tiene convenio con algún banco de pelucas. Los requisitos cambian con el tiempo: confirma antes de ir o de enviar tu donación.